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19/12/2018

Políticas de Estado

Rosario Avilés / Martes, 18 Septiembre 2018 - 09:16

La aviación mexicana necesita una política de Estado desde hace muchas décadas. La discusión sobre un nuevo aeropuerto, la incertidumbre que se percibe en muchas aerolíneas y el fantasma de una nueva crisis, hacen indispensable que quienes llevarán las riendas del sector hagan un ejercicio de planeación y de conciliación de visiones e intereses para conformar una política pública y que esto se vea reflejado en el nuevo Plan Nacional de Desarrollo, que por ley cada gobierno debe publicar en los primeros meses de su administración.

En el sexenio que está por concluir no se incluyó ni una sola línea acerca de la aviación, un par de párrafos sobre infraestructura aeroportuaria y una que otra referencia a las posibilidades de nuestro sector aéreo y aeroespacial. Hoy, el nuevo aeropuerto es un proyecto que se encuentra en el banquillo y podría ser cancelado.

Y es que, en verdad, la decisión de un nuevo aeropuerto no puede existir sin que el gobierno en turno pueda definir cuál es su política de transporte aéreo. El aeropuerto por sí mismo no sirve para nada, sirve sólo y en la medida que atiende la demanda de vuelos y las necesidades del usuario que las líneas aéreas gestionan con sus rutas y sus frecuencias.

Por eso, la discusión sobre el nuevo aeropuerto no puede ser un asunto sólo de dinero, ni de preferencias populares o de discusiones estériles de si caben 70, 80 o 100 vuelos por hora en un espacio aéreo complicado pero dividido. Esto es mucho más complejo y tiene qué ver con lo que el nuevo gobierno quiere para nuestra aviación mexicana en los próximos 30 o 50 años.

Se trata de definir para qué queremos un aeropuerto. Si sólo se tratara de ahorrar, y de por tal motivo cancelar Texcoco, incluso sería mejor no hacer nada. Toluca es un aeropuerto con muchas limitaciones, pero está más cerca del centro de la demanda de vuelos que Santa Lucía, ya hay un tren rápido a punto de estar listo que sólo necesita una extensión al aeropuerto de Toluca y ya tiene todo el equipamiento para operar en sus condiciones climatológicas (Categoría III). Tiene una pista y espacio para manejar 8.5 millones de pasajeros y ni siquiera completa el millón actualmente.

En una palabra: si sólo tratamos de ahorrar recursos y para ello estamos dispuestos a esperar al menos un año de estudios, gastar 3,500 millones de dólares en un proyecto aún “conceptual”, pagar indemnizaciones para resarcir el daño a licitantes que ganaron obras por 190 mil millones de pesos y no sabemos cuánto a inversionistas que le apostaron al proyecto, con el enorme riesgo de no volver a colocar un solo bono en 10 años, Santa Lucía es demasiado caro.

Hasta los más acérrimos defensores de Santa Lucía aceptan que en unos años habría que buscar una nueva alternativa. Su argumento es que “somos pobres”. Pues entonces NO GASTEN en algo que saldría igual o peor que Toluca como solución de aeropuerto complementario. Dividir los tráficos no es una alternativa si se quiere dar a los usuarios el mejor lugar para conectar. Ahí están Toluca, Cuernavaca y Puebla para atestiguarlo.

Ahora que si de lo que se trata es de hacer un aeropuerto para que la aviación mexicana crezca a las tasas que la IATA y la OACI pronostican para Latinoamérica (5.5 por ciento anual), lo que se requiere es un aeropuerto donde se hagan bancos de conexión, un aeropuerto que no segregue tráficos y que pueda crecer con las aerolíneas. Lo demás no es necesario.

Lo oí en 123.45: Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio. E-mail: raviles0829@gmail.com; twitter: @charoaviles

 

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