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22/09/2020

El “Mufa”: el 737 que quería que lo dejasen en paz

Juan A. José / Martes, 15 Septiembre 2020 - 21:10

“¿Qué caso tiene regresar vivo de esto la Segunda Guerra Mundial) si todo va a ser igual de mal?”, cuestionaba Antoine de Saint-Exupéry, autor y piloto cuya vida está íntimamente vinculada con la hermosa tierra argentina, de la que emana una conmovedora historia aeronáutica, que por lo menos, debo confesar, desconocía y que, como un descanso a tan malas noticias en todos los ámbitos, incluyendo claro está el aeronáutico, quisiera compartir con mis lectores. En una de esas le agrada a alguno de ellos.

“Su final entre las llamas fue como si dijera que ya estaba cansado y no quería ser reparado más para seguir en lo mismo…” dice un comentario al pie de un video que narra los incidentes que, en sus 22 años de servicio, tuvo ese Boeing 737-287C, número de serie 265, entregado a Aerolíneas Argentinas en octubre de 1970, portador la matrícula LV-JNE y el nombre “Ciudad de Trelew”,  apodado en el seno de la aerolínea como “El Mufa”, vocablo empleado en el Sur de América para referirse a un estado de fastidio o enojo que se produce por algo que incomoda o disgusta , equipo que se convirtió en pérdida total al accidentarse e incendiarse en el Aeropuerto de San Luis en la Argentina en noviembre de 1992, cuando, de acuerdo con otro comentarista dijo "¡basta!, quiero un funeral vikingo”, dándole una suerte de dimensión poética al fin de las horas en servicio de una aeronave tan noble, que a pesar de todas las incompetencias en materia de seguridad que le hicieron sufrir propios y extraños de la aerolínea, traducidas en serios incidentes que jamás ocasionaron una sola víctima mortal, aun cuando se afirma que uno los pasajeros involucrados en alguno de ellos, terminó muriendo, días después del evento, derivado de un paro cardiaco… se dice que por el susto.

Entre otros eventos antes de su último gran accidente, “El Mufa” sufrió dos secuestros aéreos, uno en el año 1973 y el otro en 1975. En el segundo fue llevado a una improvisada aeropista desde la que tuvo que realizar un impresionante despegue. El historial también incluye un aterrizaje sin tren en el Aeroparque “Jorge Newbery” de Buenos Aires debido al descuido de los pilotos en el año 1978. Afortunadamente pudo ser reparado y vuelto a poner a volar.

Tal y como le ocurrió al autor del “Principito”, se podría pensar, si es que tuviese conciencia, comprendiendo que claro está que no la tiene, que “El Mufa” de alguna manera se cansó de los actos de interferencia ilícita, negligencias y fallas en su operación que se le propinaron, tanto que un día decidió simple y sencillamente cortar para siempre sus generosas y resistentes alas.

Son máquinas, es cierto, pero a los aviones también hay que tratarlos con cariño. ¿No cree usted?

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