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24/06/2019

Boeing: demasiado grande e importante como para desaparecer

Juan A. José / Martes, 2 Abril 2019 - 21:19

Se le puede amar o se le puede odiar; los chinos o los rusos pueden estar en camino de desarrollar productos alternativos y Airbus puede seguir acumulando victorias, lo cierto es que, en un mercado urgido de aviones, no se puede dar todavía el lujo de perder ni al B737 MAX ni, menos aún, al fabricante aeroespacial más importante de la historia: Boeing.

Quizás esto cambie en el mediano y largo plazo, pero no en este 2019, aún ante una debacle de la magnitud que se avizora, producto de los dos accidentes de los MAX indonesios y etíopes y eso lo sabe el gobierno de Pekín, cuyas aerolíneas (las cuales crecen y crecen) siguen dependiendo de los productos de las dos grandes armadoras que, desde hace décadas, se reparten el segmento de las aeronaves comerciales de más de 100 asientos.

En el pasado, los mercados globales dejaron ir para siempre importantes compañías, como el caso de Enron en energía, General Foods en alimentos, Worldcom en telecomunicaciones y Pan Am en materia de aerotransporte. Todas ellas fueron organizaciones icónicas en sus sectores, sin embargo, hemos logrado vivir sin problemas con su ausencia. Pero, hay empresas que, por su importancia relativa en sectores estratégicos globales, parecen imprescindibles ya que los mercados no cuentan con opciones reales para reemplazarlas, así como a sus bienes. Se me viene a la mente los nombres de Microsoft, Facebook Google, Monsanto y, ahora más que nunca, Boeing, empresa fundada originalmente en Seattle, Washington un 16 de julio de 1916, por William Boeing bajo el nombre de “Pacific Aero Products Company”. La compañía se transformaría en la Boeing Airplane Company en 1917. Actualmente con sede principal en Chicago, Illinois, Boeing, ocupa el lugar 24 en la lista Fortune 500 y es una de las 20 compañías más admiradas del mundo, tiene cinco grandes divisiones: 1) Comercial. 2) Defensa, espacio y seguridad. 3) Ingeniería, operaciones y tecnología. 4) Capital y 5) Servicios Compartidos.

Lo anterior habla de que Boeing vale y mucho, además de que cuenta con fuertes cimientos que respaldan su premisa, aún con los enormes problemas técnicos, legales, financieros (perdiendo hasta el 12% de su valor), comerciales y de imagen que ha tenido recientemente.

Y cómo no hacerlo si entre ella y Airbus mantienen un virtual duopolio en una industria tan sofisticada y con tanto valor como lo es la aeroespacial. No dudamos que los chinos, en particular, les van a pegar, pero está por verse en qué magnitud y cuándo. Por la complejidad y alcance de los riesgos asociados a las actividades aéreas, los aviones comerciales no dejan de ser integrantes de esa limitada categoría de productos en la que a los chinos les va a costar más trabajo penetrar que en otras ramas. No veo cómo, en el corto plazo, sus fabricantes puedan erosionar significativamente este mercado. Si tomamos en cuenta la tendencia cortoplacista actual de las inversiones, no debemos descartar que las acciones en Boeing terminen siendo un buen negocio para quienes decidan seguir confiando en ella.

Más preocupante me parece el tema de los problemas estructurales de las autoridades aeronáuticas que certifican sus aviones, como la FAA con la familia MAX, y sobre la cual veo venir presiones extraordinariamente fuertes, conforme se vayan confirmando hipótesis que apuntan a fallas en sus procesos de supervisión y certificación.

Lo anterior me hace reflexionar sobre una de las grandes debilidades de la operación aérea moderna: la falta de personal calificado en todos los niveles como el de los inspectores aeronáuticos. De hecho, tal y como percibo ocurrirá, en el complejo cóctel de factores causantes de los accidentes del MAX, muchos de ellos habrían sido certificables por la autoridad especializada, como en el caso de los pilotos, capacitación, operación y mantenimiento y manuales y temas de información por parte del fabricante.

En este escenario entonces, el papel y desempeño del verificador de la autoridad aeronáutica certificadora cobra particular relevancia, en una de esas, tanto o más que el del diseñador, constructor u operador de una aeronave, toda vez que el inspector debe ser como una gran esclusa que solamente debe ser franqueada por lo que, o quienes, esté realmente en condiciones de hacerlo. Si este filtro falla, no hay fabricante, aerolínea, personal técnico o equipo que esté exento de verse en situaciones como las que viven quienes están relacionados con las tragedias del MAX.

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