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20/05/2018

Eso de tomar fotos en un aeropuerto...

Juan A. José / Miércoles, 16 Mayo 2018 - 11:01

Los aeropuertos son lugares muy propicios para que la gente quiera capturar fotos o videos. Ya sea la imagen de un familiar haciendo sus trámites de documentación o el retrato de grupos de viajeros llegando a su destino, pasando por la selfie con personalidades o figuras públicas hasta la clásica estampa de atractivas e impresionantes aeronaves. Lo cierto es que estos registros de carácter personal son todos unos protagonistas del día a día de una terminal aérea. ¡Pero cuidado! Algunas de estas instantáneas, que se pudiera pensar resultan inocuas, están prohibidas o cuando menos restringidas en varias partes del mundo.

¿Temas de seguridad? Cada nación y administración aeroportuaria tiene sus políticas y argumentos, los cuales a veces propician el debate. Y es que, si bien queda claro que hay instalaciones, procesos, equipos, material o personas que por ningún motivo deben ser retratados o grabados sin las correspondientes autorizaciones, la magnitud de la amenaza potencial a la seguridad que supone la toma de ciertas fotografías o video, insisto, para uso privado y por medio de equipos amateur, no es del todo clara. 

En este contexto, llama poderosamente la atención la libertad que, irónicamente, existe en ciertos aeropuertos que se pensaría están sujetos a amenazas verdaderamente serias, provenientes de organizaciones terroristas: caso nada menos que del Ben Gurión que sirve a Tel Aviv, Israel, lugar en donde quien firma esta nota se dio el lujo –hace algunos años– de tomarse una fotografía en su plataforma, presto a abordar un Boeing 707 de la aerolínea nacional EL AL, sin ser molestado por nadie. Bastante conocida es la sensibilidad e importancia que tanto ese aeropuerto como dicha operadora otorgan a la prevención de actos de interferencia ilícita contra la aviación. 

Igualmente, me sorprende el que en una terminal aérea estratégica y casi siempre en elevados niveles de alerta como es la de Frankfurt, Alemania, se ofrezcan al público en general recorridos en autocar por sus plataformas. En dichos tours –me consta– se permite la toma de fotografías y video con cámaras no profesionales, y claro está, con los cada vez más discretos teléfonos celulares inteligentes, convertidos ya en imprescindibles herramientas de trabajo y socialización al alcance virtualmente de todos. 

Así, cada vez es más frecuente que los cuerpos de seguridad vean rebasada su capacidad para detectar el uso de estos dispositivos en áreas que restringen este tipo de acciones por parte de pasajeros, empleados y visitantes.  

Gracias a esta moderna, accesible y poderosa tecnología, el usuario se está dando un lujo en las instalaciones aeroportuarias y sus alrededores que hace no muchos años difícilmente se podía dar. Claro, a menos de que se atreviera a correr el riesgo de que, en el mejor de los casos, se le conminase a dejar de hacerlo y, en el peor de ellos, se le sancionase o se le decomisasen o destruyesen los materiales gráficos.

Vinculados como están los smartphones a las redes telefónicas y de internet –a través de las cuales la información es difundida a nivel global con facilidad y velocidad extremas–, el problema ahora no es tanto que se tomen fotos o video personales y sin fines de lucro en los aeropuertos, sino el uso y divulgación que se les dé, especialmente por medio de las redes sociales, algo que no siempre se hace con la mejor intención.

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