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11/11/2019

¿El fin de la era de los gigantes?

Gonzalo Carrasco / Jueves, 2 Mayo 2019 - 21:05

 

Desde que nació la aviación, la industria ha incrementado la capacidad de los aviones de forma casi paralela al desarrollo de la tecnología aérea. El objetivo de las líneas aéreas era transportar el mayor número de pasajeros y, en este sentido, los fabricantes de aviones, buscaban satisfacer las necesidades de sus clientes.

Sofisticaron los sistemas, incrementaron la confiabilidad (en beneficio de miles de personas) y se acoplaron al cauce creciente de personas que preferían el transporte en avión por la rapidez y seguridad con la que alcanzaban sus destinos.

La industria también pensó que mientras más motores tuvieran los aviones, mayor seguridad habría. Y no erraron: los aviones con mayor número de motores reducen la posibilidad de entrar en una verdadera emergencia con falla de alguno o más motores. Finalmente, las empresas fabricantes de interiores evolucionaron para hacer cada vez más cómoda y placentera la experiencia de los pasajeros a bordo de sus vuelos (especialmente en aquellos de largo alcance). Las cabinas se ensancharon más, por ejemplo.

Las principales constructoras de aviones tomaron en cuenta estos nuevos requerimientos y se dieron a la tarea de diseñar aeronaves más grandes y con mayor autonomía. Por ejemplo, McDonnell Douglas creó el Douglas Co. DC8, un avión con cuatro motores y de largo alcance, Boeing lanzó el B707 con cuatro motores y Lockheed Martin presentó el L-1011 con tres motores.

Posteriormente McDonnell Douglas presentó el  Douglas Co. DC10 como un avión de cabina ancha, tres motores y en franca competencia con el B747 de Boeing. Desde Europa, Airbus lanzó su inaugural A300, lo que hizo a la competencia aún más feroz: cada una de las empresas ofrecía aeronaves confiables lo que otorgó muchas opciones a las aerolíneas a nivel mundial.

Boeing, tras absorber a McDonnell, presentó el B747-400 y el MD11, el sucesor del DC10, con mayor capacidad de carga, pasajeros y autonomía. Airbus presentó el A310 y, a inicios del siglo XX, comenzó a tentar el terreno para el eventual lanzamiento del enorme A380, el avión comercial más grande del mundo, con capacidad para 550 pasajeros (en configuración estándar). En Medio Oriente, este super jumbo fue un éxito y en Europa, sólo unas cuantas aerolíneas incorporaron este gigante a sus flotas. Sin embargo, algunos dudaron si estos mega aviones son lo más conveniente para su negocio, porque ofertar tantos asientos en una sola ocasión implica un gran reto para los departamentos comerciales, los cuales tienen un único objetivo: lograr excelentes factores de ocupación.

Durante el segundo lustro de esta década, las empresas que habían apostado por el A380 cambiaron de parecer y cancelaron pedidos del super jumbo, por lo que la fábrica canceló su fabricación y apostó por otras aeronaves de capacidades menores. Parece ser que sostener factores de ocupación con demasiada oferta en una sola ocasión no resultó como se esperaba. Algunas empresas como Aeroméxico, piensan que lo más conveniente para resolver el problema de sobreventas se logra con mayores frecuencias hacia los puntos más llenos. De esta manera, con mayor número de frecuencias y altos factores de ocupación se resuelve la demanda, sin pérdidas.

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