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27/06/2019

Hablemos más de los MAX

Gonzalo Carrasco / Jueves, 28 Marzo 2019 - 20:40

Aún tenemos más preguntas que respuestas alrededor de este complicado asunto de la familia B737 MAX y los dos accidentes que ha tenido recientemente. Ahora todo apunta al sistema MCAS y a un sensor que, en apariencia, no trabajaba de manera correcta, así como a un dispositivo cuya instalación no era obligatoria y que, por lo mismo, no había necesidad de que su presencia se reflejara en los manuales. Pregunto: si es un dispositivo que no se necesitaba y por lo tanto no era obligatorio llevarlo, ¿por qué provocó dos lamentables accidentes? ¿Por qué no se advirtió esto al equipo de ingenieros de los compradores? ¿Por qué los ingenieros de los compradores no se informaron de este dispositivo y su importancia y exigieron que se instalara en todos los aviones que comprarían? Parece que no es culpa exclusiva de la fábrica.

Boeing es una gran empresa, emblemática en el campo de la aviación, se trata de una compañía de nivel mundial, con casi 160 mil empleados que han dado la cara por la aviación por muchos años. A raíz de los accidentes del avión B737 MAX en Indonesia y Etiopía, se han suscitado muchas dudas acerca de la calidad de los aviones que fabrica. Yo pienso que el hecho de que alguien no haya hecho bien su trabajo o con el nivel de excelencia a que estamos acostumbrados quienes conocemos o hemos volado sus equipos no elimina la confianza que tenemos en la compañía. Hay mucho que investigar, hacia afuera y hacia el interior de la fábrica, tanto que se avanza a marchas forzadas y cada minuto que los MAX estén parados cuesta una fortuna. Las líneas aéreas no se van a dejar y seguro  exigirán algún tipo de compensación por las pérdidas que están experimentando.

El plazo que pidió la fábrica para empezar a dar información acerca de lo que hará para corregir el problema se vence este final de mes, es decir que iniciando abril podrían regresar al aire algunos aviones con la “modificación” aplicada (aunque, eso sí, la FAA y otras autoridades internacionales necesitan avalarla primero). El cambio que se requiere tiene que ver, aparte de la modificación al software del sistema antidesplome o MCAS, con la capacitación a los tripulantes. En los procedimientos deberán incluirse algunas acciones que le permitan al piloto desconectar el sistema que le está induciendo la falla, en este caso, el MCAS.

Tampoco olvidemos que hay otros fuertes intereses económicos que han salido a la luz tras estos accidentes. Casi 350 familias deberán ser indemnizadas por la pérdida de sus seres queridos, además de que Boeing tendrá que pagar afectaciones por dejar en tierra a cientos de aviones. Es cierto que los gastos se repartirán con las aseguradoras, la empresa y los abogados de los deudos. Las cantidades seguro serán exhorbitantes, lo que podría significar la quiebra técnica de Boeing. Éste es un escenario que le conviene a sus competidores: los europeos, chinos y rusos deben frotarse las manos porque el gran competidor podría quedarse fuera.

Eso sí, no olvidemos que la capacidad, la confianza y la experiencia que ha adquirido Boeing durante muchos años es algo que no puede sustituirse. Es curioso, pero cualquier avión nuevo necesita de sus competidores para ganarse la confianza de sus clientes y sus pasajeros. Por ejemplo, el avión ruso Sukhoi Superjet 100 que puso en jaque a Interjet con una flota de tan solo 22 aeronaves y ha afectado, en lugar de beneficiar a la línea aérea. Fue un gran error para la aerolínea mexicana comprar estos aviones con las condiciones impuestas por el fabricante ruso.

Ahora, los chinos están construyendo su nuevo avión, el C919, el cual se encuentra en medio de una serie de pruebas de aceptación. Sin embargo, aunque en un futuro podría competirle a Boeing en el mercado de fuselaje estrecho, actualmente no tiene la capacidad ni la fuerza de la empresa estadounidense para cubrir todas las necesidades hipotéticas y futuras de sus clientes. Por lo tanto, recalquemos: a nadie le conviene la crisis de Boeing.

Por lo pronto, los estadounidense reunieron a más de 200 pilotos y expertos en el 737 MAX para analizar la manera de entrenar a sus tripulaciones y presentar las modificaciones al software MCAS para que un accidente como éste no vuelva a ocurrir.  Insisto, Boeing es una gran empresa y se requiere de su presencia en el mundo de la aviación y está trabajando para ganarse nuevamente la confianza de los actores de la industria.

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