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14/08/2018

"Veredicto" de accidente aéreo en Cuba

Gonzalo Carrasco / Miércoles, 25 Julio 2018 - 10:18

Hace unos días, Manuel Rodríguez, director general de Global Air, la empresa que arrendó a Cubana de Aviación el Boeing 737-200 que se accidentó al despegar del aeropuerto de La Habana, hizo unas declaraciones totalmente irresponsables y fuera de lugar. En el accidente del 18 de mayo pasado perdieron la vida más de 110 personas y, desde entonces, se estuvieron manejando diferentes versiones, una de ellas referente al mantenimiento de los aviones. Ahora, el empresario hizo mención de un error humano, es decir, falla de los pilotos.

Cabe aclarar que todas estas ideas son sólo hipótesis, y lo son porque deben llevarse a cabo investigaciones minuciosas para conocer las causas probables. También es menester reconocer que las causas reales no se pueden determinar con exactitud y que, dada la importancia de estos hechos, las investigaciones no las lleva a cabo una sola autoridad sino que intervienen diversas instancias y especialistas en la materia de los países involucrados.

Dependiendo de los resultados que arrojen los estudios basados en las grabadoras de voz y datos (coloquialmente conocidas como "cajas negras"), se definirá quién es responsable y de qué manera se resarcirá el daño ocasionado a los deudos de los pasajeros. Claro está que todo el mundo se mueve y se defiende para no ser quien tenga que pagar “los platos rotos” pues, si los montos son elevados, llegan incluso a ocasionar el cierre de las empresas, además de que se le pueden configurar responsabilidades penales a sus directivos.

En este contexto, el señor Rodríguez, propietario y director general de la línea, salió a decir que la causa del accidente fue el alto grado de ángulo de ataque, es decir, de posición nariz arriba, ocasionando el desplome de la aeronave. Si esto hubiese sido cierto, el avión en realidad se hubiera precipitado a tierra más temprano que tarde. Sin embargo, para poder sustentar esta acción por parte de los pilotos, las pruebas que deben hacerse toman mucho más tiempo que la sola imaginación del señor Rodríguez.

Desde que leí las declaraciones del dueño de Global Air protesté enérgicamente, porque no es él quien debe pronunciarse en algún sentido sino que lo deben hacer las autoridades que intervienen en la investigación, la cual, repito, toma mucho más tiempo que las ocurrencias de una persona que seguramente tiene mucho que explicar, como la falta de mantenimiento oportuno a sus aviones.

Ya son varios los organismos que han levantado la voz repudiando el “adelanto” que hizo el dueño y director general de la empresa. Bien por la posición de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) mexicana, que no tiene competencia legal en la nación caribeña, pero se agradece su coadyuvancia en el esclarecimiento del espantoso accidente. Lo único que no me explico es ¿cómo es que no se paró desde nuestro país? ¿Será corrupción? ¿O será ignorancia o descuido? Inaceptable, cualquiera de estas situaciones. Pero, ¿y la versión de la extensión inadvertida de la reversa del motor dos, por el error de no frenarla adecuadamente en abierto? De eso no habla este señor Rodriguez quien, en vez de dedicarse a rentar aviones en condiciones deplorables, debería ponerse a hacer jugos o algodones de feria.

¿Saben por qué no lo menciona? Porque el hacerlo es como tirarse un balazo al pie derecho porque, simple y sencillamente, sus aviones no recibieron el mantenimiento adecuado.

Eso, estimados amigos de la DGAC mexicana, debieron pararlo desde México, y el no hacerlo es aceptar que ustedes son autoridad de un país bananero. En lugar de andar haciendo auditorías que dejan mucho que desear –por ser una copia región 4 de la que hacen los gringos–, deberían auditarlos a ustedes.

Hubo muchas pérdidas de vidas inocentes que no merecían el destino que les tocó enfrentar; muchas familias se desintegraron, muchas lágrimas se derramaron, y no tenemos ni para cuando arreglarnos por dentro. ¡Pónganse a trabajar, que para eso les pagan! Y atrévanse a ser diferentes: hagan honor a la aviación, que requiere de gente con valores, conocimientos y entrega.

De entrada, a Manuel Rodríguez se le debe prohibir que alguno de sus otros dos aviones (según sé tenía tres) vuelva a volar los espacios aéreos mexicanos, ni mucho menos, cubanos. Se le deben investigar detenidamente los procedimientos de mantenimiento aplicados en sus aviones y a las personas que realizan esos servicios. Y se le debe advertir que, de seguir vertiendo declaraciones que no le corresponden, se le acusara penalmente de calumnias y conducción sospechosa, que pudieran poner en riesgo vidas humanas.

Es bien fácil asegurar que la culpa fue de los pilotos, que porque levantaron mucho la nariz del avión. ¡Que no me venga con cuentos! Les aseguro que los pilotos en condiciones normales de vuelo no cometerían un error de ese tipo. En los veintiún años que fungí como asesor-instructor de casi todos los aviones que tiene Aeromexico, ningún alumno sin fallas programadas levantaba la nariz del avión más allá de lo que le correspondía hacerlo. Es más, la falla era que no le jalaban lo suficiente.

Me extraña que no haya más indignados que defiendan la profesión. Ya imagino a las familias de mis colegas y compañeras sobrecargos lo que sentirán al ver que calumnian a sus familiares sin fundamento y nadie se pronuncia con indignación. Me ofenden las palabras de este señor y me dan pesar mis autoridades que, una vez más, brillan por su ausencia.

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