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23/09/2018

¿Aeropuerto o centro comercial?

Gonzalo Carrasco / Miércoles, 11 Julio 2018 - 12:13

Para todo fin práctico, un aeropuerto puede ser considerado como parte integrante y sobre todo coadyuvante de una vía de comunicación, cuya característica en términos de servicio es que éste debe ser inviolable e ininterrumpido.

Tradicionalmente, un puerto aéreo de cualquier parte del mundo debe cumplir con los requisitos mínimos para permitir que se realicen operaciones de despegue y aterrizaje de manera segura, eficiente y eficaz. Asimismo, deben brindar a los pasajeros las ayudas que necesiten para facilitarles su embarque y desembarque.

En el caso de México, y hasta antes del surgimiento de los grupos aeroportuarios y las concesiones que estos poseen, los aeródromos fueron mayoritariamente propiedad del Estado, y su responsabilidad y administración de igual forma se dejó en manos de gente del gobierno, cuya responsabilidad recaía en garantizar una operación continua y sin ningún otro interés que brindar los servicios antes descritos. 

En esos días, recuerdo que una de las metas de las autoridades aeroportuarias –y así lo decían– era no tener público que no fuera a volar rondando y aglomerando sus recintos: gente que sólo estorbara y demorara el acceso de los pasajeros a los aviones. Se quejaban de que estas personas incluso podrían entorpecer cualquier acción de emergencia que se tuviera que tomar, de así requerirlo. 

Llegué a escuchar expresiones como: “esto no es un mall ('centro comercial en inglés)"“la gente debe venir sin tantos acompañantes”; “ya hay mucha gente en los aeropuertos y solamente estorban”; “no deben permitirlo”, y otras por el estilo.

Y es que en esa época se pensaba en los aeropuertos en términos de una instalación en la que se reunían a un tiempo los avances tecnológicos más deslumbrantes, los sistemas de comunicación más modernos y las ayudas a la navegación más numerosas y sofisticadas. 

Las tiendas para comprar enseres de primera necesidad y las áreas destinadas a comer o prepararse para un vuelo eran sólo eso, y no se pensaba en crear algún tipo de cadena de restaurantes o de librerías especializadas como las hay ahora. Todo estaba enfocado expresamente en ayudar al pasajero a viajar con todas sus comodidades y necesidades cubiertas.

Pero las cosas han cambiado y hoy lo que se busca es tener mucha gente en los aeropuertos para que consuma: tal parece que el mejoramiento y modernización de pistas, equipos de navegación y comunicación, están relegados a un segundo plano. 

Y esto en sí no es malo, excepto cuando toda la planeación y operación se sustenta bajo el criterio de que haya mucha gente que consuma, y que consuma considerablemente para que haya negocio para todos. 

Pero quienes ahí trabajamos, diariamente observamos –y por lo general, padecemos– inconvenientes por fallas en determinadas instalaciones, o por trabajos de mantenimiento deficientes, o por calles de rodaje descuidadas y no reparadas en un largo tiempo –lo cual se nota a leguas. Así, es imposible no darse cuenta de que las prioridades han cambiado y que lo que más les interesa a los concesionarios no es que los aeropuertos cuenten con todos los implementos necesarios para ofrecer un servicio de primer nivel... sino ubicar bien lo que van a vender.

Me parece que una instalación de tal importancia como es un aeropuerto merece que se reconsidere esta postura. Que las pistas y calles de rodaje estén flamantes. Que se note que el principal enfoque está en la seguridad y en el buen estado de todos sus elementos. Y que se tengan contempladas renovaciones con los últimos avances en materia de vigilancia, control y agilidad. 

Espero que alguna autoridad que lea este artículo se sensibilice de lo que esperamos toda la gente que trabajamos en este campo tan querido, pero tan necesitado de gente comprometida y con deseos de hacer las cosas bien. 

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