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22/10/2018

Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México

Gonzalo Carrasco / Viernes, 9 Febrero 2018 - 10:34

Cuando se construyó el aeropuerto internacional de Toluca, hubo voces autorizadas que hablaron de los inconvenientes técnicos que presentaba la gran elevación del terreno en que se pensaba establecer la gran pista que ahora se tiene. A los proyectistas y sus mentores poco les importó el escuchar los razonamientos de peso que ennegrecían la algarabía de contar, por fin, con un aeropuerto que sustituiría al vetusto AICM y su “ultramoderna” Terminal 2, se les presentaba con el “gran descubrimiento del aeropuerto choricero”.

Ellos le siguieron, ¡qué atinados sabios, por fin dilucidaron tan atinado descubrimiento! Los mejores implementos de navegación del mundo fueron los elegidos por el “gran grupo de notables”, se podrían realizar operaciones cero-cero, es decir, esas que se realizan a ciegas y que pocos aeropuertos en el mundo tienen. Iba a ser el mejor aeropuerto, bueno, Heathrow en Londres se quedaría chiquito, hasta quizá estaría a la altura del Charles de Gaulle en París. ¡Ah! Y solo sería el comienzo, ya se estaría pensando en otra pista para por fin poder realizar las operaciones simultáneas, esas que tanta falta hacen y que permiten, por las separaciones entre tráficos aéreos, incrementar la capacidad de operaciones de aproximación, aterrizaje y despegue.

Al cabo de los años y después de haber invertido millones de dólares se dieron cuenta, o más bien tuvieron el tino de escuchar mediante ya no el ensayo y error, sino del franco error que la elevación tan crítica no permitía los despegues de los grandes aviones a vuelos de largo alcance, los aviones no podían despegar con todo el cupo de pasajeros y con el combustible necesario para realizar los vuelos a destinos en verdad lejanos, digamos, Europa, Asia y otros más. Se dieron cuenta que de nada serviría desde un punto de vista comercial el salir de un gran aeropuerto, el mejor, según decían, pero con medio avión o resolverlo por medio de una fastidiosa escala técnica a un aeropuerto a nivel del mar o cuando menos a otro con una elevación menos crítica.

Todo el dineral que le habían invertido, todo lo que con bombo y platillo habían anunciado se vino por la borda. No obstante, el aeropuerto ahí está, está muy bonito, lo operan líneas mexicanas importantes pero para vuelos de corto alcance porque ni siquiera los de mediano alcance cumplen enteramente con las gráficas con que se hacen los despachos de los vuelos. Una vez más las decisiones técnicas habían sido ignoradas, algunas silenciadas a billetazos y otras… otras simplemente dejaron de escucharse, ya para qué hablaban si de todas maneras, la ley de los refranes dice, el que paga manda y si no le importa perder dinero… pues allá él.

Algo similar está ocurriendo con el proyecto utramillonario del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, será el mejor del mundo, nada detuvo el orgullo del gobierno mexicano para contratar al mejor arquitecto del mundo ( y el más caro, por cierto), el gran Norman Foster, galardonado con el Premio Pritzker en 1999, el premio Príncipe de Asturias obtenido en 2009, y autor de decenas de famosos edificios a lo largo y ancho de nuestro orbe. Al igual que en el caso del aeropuerto de Toluca, poco o nada se escucharon las voces técnicas, el proyecto, aparte del altísimo costo, tendría muchos, pero muchos inconvenientes técnicos. La ubicación reviste graves inconvenientes, está enclavado en un terreno sumamente inestable, siempre hay humedad, ahí había un enorme lago, el que quiera enterarse un poquito de historia encontrará información de que la mayor parte de las comunicaciones se realizaban por medio de botes, en tiempos precortesianos eso era un gran lago.

Desde que Hernán Cortés ganó la guerra a los mexicas en 1521 se han tenido múltiples problemas por la desecación forzosa de esos terrenos que año con año el agua reconoce como de su propiedad y provoca constantes inundaciones. En el caso del nuevo aeropuerto, el problema seguirá eternamente y seremos testigos de agrietamientos, hundimientos y un sinfín de problemas que ahora los defensores a ultranza del proyecto no quieren ver.

¡Caramba! Si contamos con un aeropuerto como el AICM, que está funcionando, cierto es que está ya saturado y poco permite el crecimiento del tráfico aéreo, pero tiene todo. Por otro lado tenemos un aeropuerto que cuenta con una gran pista, y tierra para expandirse, se trata de la base militar de Santa Lucía, a tan solo 40 kilómetros del AICM. Bueno, entre estos dos aeropuertos se puede resolver la llegada de pasajeros desde el interior de nuestra república mexicana hasta los pasajeros que vienen de allende nuestras fronteras.

De los 35 años que volé los aviones de Aeroméxico sobrevolé cientos de veces esta base militar y siempre comentaba que era ahí donde debería construirse el nuevo aeropuerto, el terreno es muy extenso, bien pueden proyectarse varias pistas y con un buen sistema de acercamiento a base de un complejo de trenes rápidos, autobuses y caminos eficientes podría por fin pensarse en descentralizar el aeropuerto de la Ciudad de México. Como todo en México es político y la decisión de la construcción y millonaria inversión había sido ya decidida, todas las voces que hablaran en contra de la maravilla proyectada por el famoso arquitecto Norman Foster eran desoídas, serían tildadas de absurdas, de poco reales.

Por ahí el señor Andrés Manuel López Obrador propuso algo diferente y fue ignorado, considerado hasta absurdo, poco consciente de lo que pretendía como proyecto alterno al carísimo nuevo proyecto estrella de la administración peñista. Planteaba considerar ambos aeropuertos existentes, el AICM y el de Santa Lucía, el primero sería usado para vuelos nacionales y el segundo haría lo propio con el tema de los internacionales. Simple y sencillamente fue ignorado, se argumentaron mil pretextos muchos de ellos rayando en lo infantil.

Por supuesto que se puede llevar a cabo el proyecto del señor López Obrador y el ahorro sería sustancial. Me explico: en 2017 el AICM manejó casi 45 millones de pasajeros, entre nacionales e internacionales, de estos últimos la cantidad fue de 15 millones, que si se trasladaran a Santa Lucía dejarían despejado en buena medida el AICM y con opciones de crecer, y Santa Lucía iniciaría con tan solo 15 millones de pasajeros con, también opción de crecer, esto solucionaría el problema de crecimiento por cuando menos 30 años, mismo que se dejarían a manos de los buenos manejos de la economía mexicana que pienso que no crecería tanto como se desearía, por infortunio. Pero no, ya el señor Meade dijo que se perderían muchos empleos, claro, es ahí donde se sacan las tajadas para las campañas políticas, y ¡ah! Es el año de Hidalgo y ¡ay de aquel... que deje algo!

Resulta que se van a gastar más de cien mil millones de la primera etapa de construcción para crear empleos con la construcción en lugar de hacerlo en otras importantes áreas. Por otro lado, dice la candidata Alejandra Barrales que es retrogrado prensar en cancelar el proyecto, yo digo que la retrógrada e ignorante del tema es ella, que en su formación tanto política como profesional nada tuvo que ver con estos temas técnicos.

El que se reconsidere la obra de construcción del complejo aeronáutico que el país requiere nos ahorraría enormes cantidades de dinero y resolvería de una vez por todas el problema. Nos nos quejemos de que no alcanza el dinero para nada, yo no pienso que los políticos que dejarán el pandero se conformen con sus solos aguinaldos, y ya. ¿Tú sí?

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