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18/07/2018

Auxiliares de vuelo: de cuidar a vender

Juan A. José / Viernes, 5 Enero 2018 - 12:27

Yo no sabría que hacer; ¡me bloquearía!”, me confesó recientemente una sobrecargo portando, muy oronda, el uniforme de la aerolínea mexicana para la cual trabaja al tratar con ella el tema de una posible despresurización de cabina en pleno vuelo. Sobra decir que lo primero que pensé al escucharla es que me parece que esa mujer no tiene nada que hacer como tripulante, como debo reconocer también pensé lo mismo, quizás injustamente, cuando leí sobre una azafata norteamericana que trabaja para American Airlines con 81 años de edad, por cierto, celebrando 60 años en el aire.

Sorprendentemente, Bette Nash, como se llama la damita, dista, y por mucho, de ser el o la auxiliar de vuelo de más edad que haya atendido a los pasajeros en una aerolínea; se han registrado casos en los que los pasajeros han visto a nonagenarios formando parte de la tripulación, lo cual me invita a hacer un par de reflexiones, sin dejar de dar crédito a la autoridad que certifica sus competencias y les renueva sus licencias y el valor de la experiencia de estos maravillosos tripulantes:

La primera tiene que ver con la capacidad de personas en esos niveles de edad de estar realmente en condiciones de realizar las acciones propias de una función tan importante en materia de seguridad a bordo como esa, misma que requiere cierta fortaleza física, por ejemplo para abrir en caso de emergencia una puerta, cierta coordinación para organizar la evacuación de una aeronave y cierta memoria para tener presentes todos los procedimientos contenidos en los correspondientes manuales, atributos que sin duda se ven afectados en mayor o menor grado con el paso de los años, no así el carisma que no cuesta trabajo comprobar se incrementa.

La segunda reflexión tiene que ver con las actividades mismas de los auxiliares de vuelo, las cuales se han transformado con el paso del tiempo en paralelo con la evolución de la tecnología aeronáutica, incluyendo el medio ambiente en el aire, los modelos de explotación de las aeronaves y las estrategias comerciales de las operadoras. Y es que en ocasiones no queda del todo claro al común de la gente cuál es la función de esas damas y caballeros que lo mismo nos reciben en la puerta del avión, las más de las veces con una sonrisa, nos imponen su autoridad dando instrucciones de seguridad o en una de esas, hasta nos salvan la vida.

Desde que Ellen Church se convirtió en 1930 en la primera azafata así reconocida de la historia, realizando una labor más bien parecida a la de una enfermera que a otra cosa, atendiendo principalmente los mareos y otras complicaciones físicas de los pasajeros de los Boeing 80 de United Airlines, hasta las modernas tripulaciones que disfrutan de las ventajas de volar en aeronaves con ambientes mucho más benévolos para el cuerpo humano, la función esencial de los auxiliares de vuelo ha sido, o por lo menos, ha debido ser entendida, como aquella que procura la seguridad de los pasajeros de una aeronave, incluyendo acciones de prevención (información a pasajeros, detección de amenazas y control de cabina), acciones de respuesta ante situaciones irregulares y emergencias (atender a pasajeros enfermos, dar instrucciones, coordinar evacuación etc.) y acciones de apoyo a pilotos, como podrían ser informarles de las condiciones del interior o el exterior de la aeronave, replicar a ordenes o transmitir a los ocupantes mensajes procedentes de ellos.

Desgraciadamente no todas las aerolíneas lo entienden así y algunas se dan el lujo de contratar a personas que carecen de las capacidades realmente necesarias, pero cubren de manera marginal los requisitos que la ley y las autoridades aeronáuticas imponen. ¡Eso sí! Son muy atractivas y seguramente aceptan bajos salarios y se convierten en grandes vendedoras de servicios extra dentro de las cabinas de pasajeros, labor a la que pareciera se están enfocando cada día más aerolíneas y sus empleados, cuyos perfiles, me consta, han tendido a la baja en los últimos tiempos.

¿Quién de mis contemporáneos no recuerda el prestigio asociado a ser sobrecargo, digamos hace unas tres, cuatro o cinco décadas? Hoy día, entre bajos sueldos, extenuantes jornadas de trabajo, carencia de prestaciones, eliminación de pernoctas y durísimas políticas de administración de personal, la profesión ha perdido mucho de su atractivo, lo cual, insisto, ha impactado en el nivel del auxiliar promedio. Es más, me atrevo a pensar que no hay condiciones para que las nuevas generaciones lleguen a prestar 60 años de servicio.

El hecho es que, tengan la edad que tengan, nos encontramos con sobrecargos en activo que física, emocionalmente y académicamente, no deberían formar parte del personal de vuelo, algo que en mi opinión es una verdadera amenaza a la calidad en el servicio y lo que es peor, a la seguridad de la aviación civil internacional.

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