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12/11/2019

Organización Rescate Humboldt

Francisco M. M… / Miércoles, 21 Agosto 2019 - 21:01

“Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro” -(Alfred Adler).

Hace aproximadamente dos años recibí una llamada de un padre desesperado que había perdido a su hijo, estudiante de una escuela de aviación en México, en un accidente aéreo realizando una ruta entre Zihuatanejo y Acapulco en condiciones severas de mal tiempo.

En este accidente del cual, por cierto, todavía no se tiene una causa probable ni información oficial por parte de investigadores de la DGAC, desafortunadamente perdió la vida el joven estudiante y también su instructor.

Los padres del joven estudiante se encontraban desesperados, ya que después de varios días de búsqueda no había habido ninguna información sobre la localización del avión y sus tripulantes, además de que era notoria la falta de organización para realizar la búsqueda, por lo que el padre del alumno me pidió ayudarlo en lo posible, para hacer algún contacto para que que tanto la dirección de la escuela como las autoridades de DGAC ayudarán a encontrar el avión y los cuerpos de los tripulantes.

Desafortunadamente no hubo mucha respuesta a mis llamadas y todo quedó en compromisos y promesas, sin lograr nada contundente, por lo que me puse en contacto por medio de Neyalith Castellanos -quien es otra profesional comprometida con la seguridad aérea- con Enrique Alberto Martín Cuervo, investigador de accidentes e instructor vitalicio de la Organización  Rescate Humboldt, cuya base se encuentra en Venezuela, para platicarle los datos que hasta ese momento se tenían sobre el accidente.

Don Enrique es un investigador de accidentes aéreos, experto en búsqueda y salvamento de primer nivel y con gran experiencia, por lo que solicite su ayuda para que, a la distancia, me pudiera compartir sus impresiones y comentarios sobre los datos que me fue posible enviarle.

Honestamente y debido a la distancia, yo sólo esperaba algunos comentarios pero Don Enrique me sorprendió muy gratamente, haciendo suya una investigación no oficial pero igualmente honesta y profesional para tratar de localizar el avión y a los pilotos involucrados en este accidente.

Lo más importante en ese momento era localizar la aeronave así que le envíe toda la información que pude obtener como cartas de navegación, cartas de áreas, trayectorias, velocidades, altitudes, plan de vuelo, información meteorológica, comunicaciones, etc.

Don Enrique Martín Cuervo se puso a trabajar con esta información y nos mantuvimos en contacto constante, intercambiando puntos de vista, datos reales e información y solo dos días después me envió cartas GPS y los primeros datos sobre la posible posición de la aeronave caída, obtenidos por él con base en complicados cálculos vía satélite, de los cuales también me envió copias.

En todo momento estuve en contacto con los padres del alumno fallecido, intercambiando también toda la información con quienes personalmente (con apoyo de la dirección de la escuela y algunas autoridades de DGAC) se encontraban en la posible área del accidente, en búsqueda del avión.

Un par de días después las autoridades mexicanas localizaron el avión escuela y los cuerpos de los tripulantes. 

Debió haber sido un trabajo verdaderamente extenuante para Don Enrique, cuya investigación sobre el punto exacto de la caída de la aeronave lo llevó a prácticamente metros de donde al final fue encontrada. Pero lo que sorprende es que toda esta investigación fue hecha desde una distancia de aproximadamente cuatro mil kilómetros de donde se registró el accidente.

Don Enrique hizo un trabajo con total desinterés, con la mayor honradez y ética profesional, mostrando conocimientos y experiencia pero, sobre todo, dejando clara muestra de su calidad humana.

Nunca es tarde para agradecer y ahora le doy las gracias de corazón a Don Enrique en nombre propio y a nombre de los padres de los jóvenes pilotos fallecidos en este accidente, por una investigación realizada con alto nivel de profesionalismo pero sobre todo con un gran sentido de empatía.

Estoy a punto de tener en mis manos y leer su libro “Aeronaves desaparecidas en Venezuela” el cual, espero que algún día me haga el honor de dedicarme.

Mis mejores deseos de éxito personal para Don Enrique Martín Cuervo, Neyalith Castellanos, Guillermo Garroz Bermúdez y, para todos los integrantes investigadores-instructores que trabajan para la Organización Recate Humboldt.

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