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19/07/2019

...y aumentan las demoras en el Benito Juárez

Francisco M. M… / Miércoles, 30 Enero 2019 - 22:11

Hace apenas unos días, las redes sociales dieron cuenta de las quejas de una alta funcionaria del gabinete de López Obrador, quien acusaba a Aeroméxico de haberla tenido esperando durante dos horas a bordo de uno de los aviones de la compañía del caballero águila, antes de que éste obtuviera autorización para el despegue desde el aeropuerto internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.

Por cierto que la servidora pública afirmó –visiblemente molesta– que presentaría ante la Condusef (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros) su reporte de inconformidad en contra de la aerolínea (!?).

Aunque Aeroméxico desafortunadamente es la aerolínea mexicana que más quejas recibe sobre su servicio, no es la única de las aerolíneas nacionales que enfrenta problemas y demoras constantes en el aeropuerto capitalino… y desafortunadamente, las extranjeras suman otro buen número de retrasos en su operación a su paso por esta terminal.

Y es que nuestro aeropuerto Benito Juárez tiene que lidiar a diario con un grave congestionamiento de aeronaves en tierra y en aire, que ya ha sobrepasado por mucho y desde hace años  su capacidad máxima de operación, que actualmente está restringida a 61 operaciones por hora en el intervalo de mayor tráfico.

Obviamente esto complica el movimiento de los aviones para despegar, causando grandes filas de aeronaves de todo tipo y tamaño en las áreas de maniobras del aeropuerto. Y desde luego que, por el lado aire, también son constantes las instrucciones para mantener patrones de espera durante el vuelo, hasta que las aeronaves puedan tomar su lugar en la fila de las aproximaciones y aterrizajes.

¡Ojo! El problema de demoras en el Benito Juárez no se va a solucionar con la construcción de rampas de estacionamiento adicionales para las enormes aeronaves comerciales que hoy operan, o con más salas de espera para pasajeros porque no son ni siquiera un paliativo.

Nuestro aeropuerto está rodeado por montañas como la Sierra de Guadalupe, la Sierra del Ajusco, los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl y otras elevaciones orográficas, lo que restringe de manera importante el espacio aéreo y el número de aviones que pueden tener cabida en él, y esto sin contar las condiciones meteorológicas adversas –presentes durante la mayor parte del año– y la gigantesca ciudad que ha sido construida a través del tiempo  alrededor del propio aeropuerto, que por otra parte ha impedido la posibilidad de algún crecimiento racional en sus dimensiones.

Lo anterior es suficiente para decir que, desde hace muchos años, el Benito Juárez ya no cumple con los requisitos que recomienda el Anexo 14 de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) relativo a la construcción de aeropuertos y la administración de su  espacio aéreo, y que bien podría presentar en cualquier momento un problema que es mucho más importante que las demoras, y me refiero a uno de seguridad debido al congestionamiento de aviones en tierra y en vuelo. En el actual aeropuerto de la Ciudad de México simplemente ya no caben más aviones: la liga ya ha sido estirada de más.

Ojalá que no sea una tragedia la que abra los ojos de políticos ciegos y sordos al llamado de los especialistas y expertos nacionales e internacionales, quienes se han declarado abiertamente en contra tanto del nuevo proyecto “parche” del Benito Juárez-Santa Lucía como del abandono irracional del proyecto Texcoco, que estaba bien planeado –en todos sentidos– para solucionar los problemas actuales.

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