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27/06/2019

¿Por qué decir no al progreso?

Francisco M. M… / Jueves, 17 Enero 2019 - 10:35

 

“El progreso es imposible sin el cambio, y aquellos que no cambian su mente no pueden cambiar nada” George Bernard Shaw

El “Flyer” de los hermanos Wright realizó su primer vuelo el 17 de Diciembre de 1903. Fueron los primeros que iniciaron pruebas en planeadores diseñados por ellos mismos e incluso diseñaron también su propio túnel de viento.

Al final, fue Charlie Taylor quien diseñó un motor de gasolina –de doce caballos de fuerza con un peso de 80 kilogramos–, que se convirtió la pieza que faltaba en el rompecabezas para hacer volar a una máquina más pesada que el aire... y ahí nació la industria aérea.

De entonces a nuestros días la aviación mundial se ha visto envuelta en un verdadero maremágnum de eventos que han pasado por dos guerras mundiales, crisis económicas, aumentos en precios del petróleo, epidemias, actos terroristas y todo tipo de problemas, que afectaron de una manera u otra a una industria que se ha convertido en clave para el desarrollo de muchos países del mundo.

El sector aeronáutico también se ha convertido en una cuestión de Seguridad Nacional, y de esa manera ha sido tratada por diferentes gobiernos, que lo han apoyado de diferentes maneras para mantener su desarrollo y crecimiento, empezando con sus aeropuertos.

Ése es el caso muy especial de algunos gobiernos asiáticos y otros del Medio Oriente, cuyas aerolíneas han tenido en los últimos años un crecimiento explosivo y constante. Esto las ha llevado a convertirse en una competencia muy difícil de igualar, aún por las grandes megatransportadoras de los Estados Unidos, quienes a su vez se quejan de que las compañías aéreas de esos países son apoyadas con enormes cantidades de dinero público, lo que hace imposible una competencia justa.

Como sea, y pese a los problemas que amenazan aún hoy a la seguridad aérea del planeta, hay gobiernos que dan la prioridad exacta a sus industrias de aviación por la enorme cantidad de bienes y pasajeros que transportan, que se convierten en millones de dólares por concepto de turismo y transacciones internacionales. Y para eso, los países han debido proyectar y construir aeropuertos grandes, modernos, eficientes y seguros.

Así, la infraestructura aeroportuaria en México creció mucho durante las últimas cuatro décadas, asegurándonos uno de los primeros lugares mundiales en captación turística. Sin embargo, este avance hoy se ve amenazado por decisiones gubernamentales como la posible cancelación del aeropuerto de Texcoco, que sería el segundo más grande y ocupado del mundo –al final de todas sus etapas–, con las enormes ventajas económicas y sociales que eso pudo significar para nuestro país.

Al momento de escribir estas líneas todavía no queda clara la cancelación definitiva de este proyecto, que sigue siendo manoseado políticamente con base en intereses que desconocemos –pero que sabemos que están ahí–, convirtiendo al que pudo ser el más importante proyecto del sexenio en una bola de nieve que va acumulando todo tipo de problemas sociales y financieros, que además podrían repercutir en la economía nacional en un futuro no muy lejano.

Con esta medida, nuestro país está dejando pasar la oportunidad única de apoyar el desarrollo de la industria turística mexicana mediante una red aeroportuaria eficiente y sobre todo segura.

Los “parches” Santa Lucía-Benito Juárez que hoy se tienen proyectados para el principal aeropuerto del país van a traer un costo muy alto para las aerolíneas nacionales y extranjeras –costo que, desde luego, será transferido a los pasajeros–, debido a la logística necesaria para operar desde y hacia esos aeropuertos. Y lo peor es que seguirán sin dar solución a una saturación aérea ya declarada desde hace años y que cada día encierra mayores peligros.

La aviación comercial nació hace 116 años y hoy se cuenta con una maravillosa tecnología aeronáutica y aeroportuaria inimaginable hasta hace muy poco tiempo.

En el mundo hay aeropuertos construidos sobre lagos, pantanos, dunas… ¡y hasta sobre el mar! Mientras tanto en México, no sólo nos negamos al progreso sino que además damos grandes pasos hacia atrás.

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