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20/11/2018

Carta abierta a Andrés Conesa

Francisco M. M… / Jueves, 13 Septiembre 2018 - 09:44

Dr. Andrés Conesa
Director General de Aeroméxico

Distinguido doctor Conesa:

Durante 45 años tuve la gran fortuna de desarrollar mi carrera como piloto comercial, y casi 40 de ellos los hice en Aeroméxico en diferentes etapas. Además, por 49 años fui miembro –hoy inactivo– de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), donde viví grandes experiencias que marcaron mi vida como piloto profesional y como ser humano.

Una de esas experiencias me enseñó desde el principio de mi carrera a tratar de ser más analítico, aún contando con cortos periodos de tiempo, así como a lograr la mayor información posible, revisar los pros y contras de una situación y ser paciente, para después tomar mis decisiones, y de esta manera logré alcanzar 26 mil horas de vuelo y miles de pasajeros transportados con una seguridad del 100%.

Aunque no lo crea, puedo imaginar las difíciles semanas que estarán pasando usted y su equipo en todos sentidos, como consecuencia del accidente sufrido por un avión de Aeroméxico Connect en Durango. Le aseguro que el sentimiento de los pilotos de planta también es de profunda tristeza e indignación.

De acuerdo con el informe de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) –que por ahora es preliminar–, sabemos que la actuación de los tres pilotos involucrados ha sido completamente irresponsable, y no creo que haya alguien que tenga los elementos necesarios para salir en su defensa; por otra parte, estoy convencido de que todos deberíamos esperar el dictamen final por parte de la autoridad antes de llevar a cabo cualquier acción, porque será sólo la autoridad quien determine lo que procede, y de ahí Aeroméxico, ASPA, el Colegio de Pilotos y quien corresponda, deberán hacer lo propio.

Debo decir que me ha impactado mucho la decisión que ha tomado Aeroméxico mediante una circular, para modificar una prestación contractual (tripulante viajando en cabina, TVC) que además está reglamentada en el Manual General de Operaciones (MGO) de la empresa. Con ello se afectará a cientos de pilotos que todos los días cumplen con su trabajo de manera responsable y profesional, y que a veces necesitan del asiento en cabina para transportarse a casa o a su trabajo, por falta de lugar en cabina de pasajeros.

Pero me ha impactado aún más la circular emitida por DGAC, reglamentando el uso del asiento de observador en cabina de pilotos, la cual sobrepasa el mencionado MGO de Aeroméxico, que ellos mismos han certificado.

Personalmente, me resulta difícil también comprender la decisión –a mi juicio precipitada– por parte de Aeroméxico de rescindir el contrato de los tres pilotos accidentados –quienes se encuentran aún con incapacidad médica–, sin haberse tomado el tiempo para esperar el dictamen final sobre el accidente.

Esto, además, contraviene no sólo el contrato colectivo de trabajo sino la propia ley laboral y hasta los derechos humanos de los pilotos involucrados. Luego entonces, tampoco me extraña que ASPA esté dispuesta a emplazar a huelga a Aeroméxico por violaciones contractuales, con lo cual estará cumpliendo una obligación estatutaria que le obliga a la defensa de los contratos de todos pilotos desde hace 60 años.

Mi apreciación muy personal es que la posición de ASPA no está encaminada a defender a los tres pilotos involucrados en el accidente pero, como he dicho, tiene la obligación estatutaria para con todos los pilotos de la planta que se esfuerzan día con día en hacer bien su trabajo, y que no tendrían por qué pagar las consecuencias de los errores de tres de ellos quienes, en su momento, deberán responder por sus acciones.

A semanas de una revisión de contrato con sus pilotos, parecería que Aeroméxico puede complicar las negociaciones tomando decisiones unilaterales, estrategia que –usted bien sabe– no ha dado muy buenos resultados en el pasado, y que siempre ha complicado una relación laboral en épocas de revisión, la que hoy más que nunca debería ser honesta y transparente para llegar a buenos acuerdos, de cara a los problemas que vive nuestra aviación comercial.

Dejando a un lado el asunto estrictamente laboral, hay un punto que quisiera comentar a usted con base en mi experiencia por 17 años como asesor-instructor, evaluador y examinador de tierra, simulador y avión, y que tiene que ver con la cultura de entrenamiento de pilotos.

Tenemos a la vista las pruebas de que definitivamente no se está cumpliendo con el objetivo de garantizar la mayor seguridad –aunque los adiestramientos puedan ser de muy de alta calidad técnica– en la continua formación de los nuevos pilotos. Esta situación no es reciente y ya ha dado varios avisos ante una aparente pasividad tanto de la empresa como de ASPA, pues no parece que se hayan comprendido las señales sobre la urgente necesidad de llevar a cabo cambios en el sistema de adiestramiento, lo cual va más allá de sólo cumplir con los programas –eso sí, reconocidos internacionalmente– establecidos en los manuales de Aeroméxico.

Desafortunadamente, esto no es un problema privativo de Aeroméxico y vemos que en los últimos tiempos –empezando con las escuelas de aviación y en otras aerolíneas comerciales– los incidentes y eventos de todo tipo se registran constantemente, aunque el público en general poco se entera y la autoridad no se decide a poner orden, tan rápido y conciso como cuando emiten circulares urgentes.

Un piloto hábil y estudioso no necesariamente tiene un criterio bien desarrollado –especialmente si es joven–, y esto es algo que se ha descuidado durante los adiestramientos, los cuales también deberían de ser dirigidos tomando en cuenta el factor humano, que es causante del 90% de los incidentes y accidentes de aviación en todo el mundo.

De acuerdo con mi experiencia, le puedo decir que el mejor piloto no es aquel que solo se apega a sus procedimientos, sino el que además los acepta, los entiende, los comprende y los defiende, lo que ayuda a desarrollar en ese piloto un alto sentido de responsabilidad, y una ética que pueda garantizar que sus acciones siempre estarán basadas en la seguridad de los pasajeros puestos bajo su cuidado, antes que cualquier otra consideración. Esta actitud a su vez, debería ser apoyada sin reservas por las diferentes empresas.

Obviamente para lograr lo anterior en Aeroméxico, se requiere ya de un cambio radical como algunas aerolíneas lo han hecho en el pasado, tanto en la cultura de instrucción, como en el recurso humano en todos los niveles, responsable de administrarla e impartirla

Le aseguro que no será lo menos costoso o lo más sencillo de conseguir lo que le dé a Aeroméxico los resultados que espera en cuanto a la seguridad operativa, como aerolínea internacional bandera de nuestro país.

El piloto joven de hoy en general resulta ser sumamente hábil a los controles. El ser consciente de esa habilidad, así como su juventud y falta de experiencia, trae por consecuencia la arrogancia, exceso de confianza y dificultad para mejorar su criterio de vuelo, y es justamente ahí en donde una nueva cultura de adiestramiento debe enfocarse, lo que da magníficos resultados, tal y como tuve la oportunidad de ver en otras dos aerolíneas de nivel internacional en las que gocé el privilegio de trabajar.

La juventud trae consigo de manera natural y lógica una buena dosis de inmadurez, pero el ser pilotos jóvenes no es pretexto para cometer actos irresponsables que rayan en la estupidez, y mucho menos cuando de esas acciones dependen vidas humanas y esto es algo que todos los pilotos –jóvenes y antiguos– deben tener en la mente siempre como su prioridad cuando se encuentran detrás de los controles de sus aviones, si es que han sido entrenados en consecuencia.

Es importante hacer entender a las nuevas generaciones de pilotos, también mediante instrucción dirigida al factor humano, que los verdaderos héroes son aquellos que cumplen su trabajo de manera segura, tomando decisiones adecuadas, usando su sentido común todos los días y durante muchos años, hasta el día de su retiro de la profesión.

Los días de graves problemas también traen nuevas oportunidades, y me parece que hoy es un buen momento para que los pilotos de ASPA y la dirección de la empresa acuerden llevar a cabo todos los cambios de fondo, necesarios para evitar que los incidentes, y alguno que otro accidente, vuelvan a ocurrir. Se lo deben a todos los pasajeros del vuelo de Durango –quienes afortunadamente salvaron la vida– y a todos los millones que cada año son transportados por Aeroméxico alrededor del mundo.

De las acciones y acuerdos que tomen conjuntamente en el futuro inmediato la empresa y ASPA en materia de seguridad y una nueva cultura de adiestramiento, depende seguir contando con la confianza de esos 20 millones de pasajeros que cada año vuelan por Aeroméxico, y de la sana relación empresa-sindicato seguramente vendrá la formación un frente común para resolver los problemas, además de una buena actitud de trabajo por parte de la planta y, por consiguiente, una operación segura y confiable.

Es obligación de todos poner el esfuerzo necesario para evitar que un accidente suceda nuevamente. Este es el momento justo para hacerlo.

Saludos cordiales
Francisco M McGregor

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