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16/10/2018

Cap. Elizabeth Abadie, un gran ejemplo

Francisco M. M… / Jueves, 8 Marzo 2018 - 10:15

"Si puedes encontrar algo que realmente te apasione, el que seas hombre o mujer no tiene nada que ver. La verdadera pasión es la gran fuerza de la neutralización de género"

                  Marissa Mayer

Durante mi carrera de 45 años como piloto aviador comercial tuve la fortuna de compartir mi trabajo con muchas mujeres que se desarrollaron en diferentes áreas de la industria aérea, en México en Turquía y en la India.

Trabajé con controladores  de tráfico aéreo, oficiales de operaciones, oficiales de tráfico, técnicos de mantenimiento, sobrecargos, auxiliares de vuelo y desde luego pilotos aviadores del sexo femenino de varias nacionalidades.

Mi primer contacto con una mujer piloto fue en la escuela de Aviación en el año de 1969, Adriana Ruvalcaba fue mi compañera de clases. Completamos nuestros estudios de pilotos comerciales en 1971 y en ese mismo año tuve la suerte de poder volar como copiloto de un DC-3 en la Secretaría de Recursos Hidráulicos en México mientras Adriana era contratada como copiloto de su propio padre en un avión jet Sabre de una empresa refresquera de nombre mundial con base en Atlanta.

En esos días era muy difícil encontrar mujeres pilotos y lograr graduarse era un verdadero reto para ellas, debido principalmente, y hay que decirlo, a que no se les daba el crédito profesional que con el paso de los años han sabido ganarse a través de un trabajo bien hecho.

Ver a una mujer uniformada caminando por los pasillos de un aeropuerto era algo que causaba no sólo admiración e incredulidad sino hasta curiosidad, y qué decir de aquellas aviadoras que hacen su trabajo prácticamente en el anonimato como pilotos ejecutivos, o militares, otras de helicópteros o volando pequeños aviones en las sierras de México y hasta en aviones agrícolas.

En 1972 fui contratado en SAE (Servicios Aéreos, Especiales)  que era la aerolínea filial de Aeronaves de México y para entonces ya eran conocidos los nombres de Conchita Barnard y Elena Folch, quienes fueron las primeras pilotos comerciales en México volando para Mexicana de Aviacion.

En 1990 tuve el gusto de volar el DC-9 con la primera piloto en la historia de Aeroméxico, Elizabeth Abadie, quien regresaba a su trabajo después de haber sido reajustada durante la quiebra de la empresa en 1988 y después de haber sido piloto de un avión ATR en Aeromar.

Compartimos uno de sus vuelos de adiestramiento en ruta y ese mismo día me pude dar cuenta de la razón por la que toda la gente que la conocía le tenía un gran cariño y respeto profesional.

Compartimos otros vuelos y Elizabeth resultó ser una gran compañera  y piloto aviador de primer nivel: estudiosa y comprometida, responsable ,"fina" y hábil a los controles, rápida y asertiva en sus reacciones, respetuosa, siempre con plena conciencia situacional y aplicando buen criterio cuando era requerido hacerlo.

Una piloto con todas las cualidades necesarias para hacer un trabajo nada fácil en aquellos días en que la tecnología y los procesos de admisión y entrenamiento no estaban tan avanzados como ahora y cuando las exigencias eran mucho mayores que hoy para cualquier aviador y, desde luego por razones hoy incomprensibles, mucho más complicadas para pilotos del sexo femenino, como quedó demostrado primeramente en los casos de Conchita y Elena en Mexicana de Aviación.

Liz también inició su trabajo como piloto profesional en aquellos días en que hacerlo era algo doblemente difícil por el simple hecho de haber nacido mujer y por la necesidad que existía en esos días de "convencer" a todos de que un piloto del sexo femenino tenía todo lo que se requiere para sentarse responsablemente tras los controles de un avión repleto de pasajeros.

Además de sus cualidades como piloto aviador, Elizabeth tiene grandes cualidades humanas como su conocida sencillez y discreción a pesar de sus grandes éxitos profesionales así como el respeto a todos sus compañeros de trabajo, lo que le ha ganado grandes afectos y reconocimientos.

Liz Abadie ha dado siempre los primeros pasos y ha sido guía y ejemplo de varias generaciones de mujeres pilotos, siendo la primera en todo: primera piloto en Aeromexico, primera Capitán, primer asesor instructor mujer de la empresa, primera Comandante Transoceánica y hoy primera Capitán instructora y asesora de B-787 Dream Liner, uno de los aviónes más modernos y sofisticados del mundo.

Liz ha formado e instruido a gran cantidad de aviadores, hombres y mujeres, ha sido líder y hoy encabeza y es el ejemplo de una larga lista de mujeres pilotos de Aeroméxico que han logrado su sueño de volar aviones comerciales teniendo que vencer grandes retos y superar los mayores obstáculos que alguien pueda imaginar, por lo que todas ellas merecen nuestro mayor respeto.

Durante los cinco años de mi carrera posteriores a mi jubilación en Aeroméxico, con Turkish y con Jet Airways pude compartir vuelos con mujeres pilotos de varias nacionalidades incluidas indias, alemanas y españolas entre otras, y todas tenían como una de sus mayores cualidades la pasión por su trabajo pero la primera vez que vi y aprendí de esa pasión de las mujeres por volar y hacerlo verdaderamente bien fue a través de Elizabeth cuando compartimos una cabina de vuelo en Aeroméxico hace ya casi treinta años.

Vaya desde este espacio mi modesto reconocimiento a todas las mujeres que son pilotos aviadores profesionales, sin importar el color de uniforme, y que todos los días se ganan a través de su esfuerzo y pasión por el vuelo un merecido lugar no sólo en las cabinas de mando de las aeronaves comerciales mexicanas, sino en el corazón de sus compañeros de trabajo y de sus pasajeros.

De manera especial mi reconocimiento a la Capitán Elizabeth Abadie por haber construido camino para todas ellas, por una trayectoria como piloto aviador que, a pesar de retos y obstáculos ha hecho historia y que todavía tiene mucho que aportar en los años por venir.

Para mí fue un verdadero privilegio compartir las alas y el cielo con una profesional de primer nivel como ella además de tener la enorme fortuna de poder llamarme su amigo.

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