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19/10/2018

Falla de organización

Francisco M. M… / Jueves, 19 Octubre 2017 - 00:40

"Todo accidente grande o pequeño representa una falla de organización". Jerome Lederer, exdirector de Flight Safety Foundation

Hace unos días fue encontrado el avión Cessna 152 de la Escuela de Aviación México
, el cual desapareció a principios del mes de septiembre mientras volaba una ruta de instrucción entre los aeropuertos de Zihuatanejo y Acapulco.

La aeronave fue localizada cerca del poblado El Zapote, Guerrero, y tristemente sus pilotos Hugo y Fernando fueron encontrados sin vida.

La Organización Rescate Humboldt de Venezuela ha realizado un trabajo realmente científico, responsable, eficiente y ético, mediante el que ha aportado información vital para la localización de la aeronave y sus tripulantes, con el apoyo de investigadores mexicanos, la dirección de la Escuela México, el ejército mexicano, elementos de la marina y elementos de protección civil de Coyuca de Benítez, quienes han puesto lo que les corresponde para tratar de aclarar las causas de este triste accidente.

Es importante decir que aún no se da por cerrado este caso, porque, de acuerdo con la ley, deberá de ser la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) el ente que emita, en su momento, el dictamen oficial sobre las causas probables y las recomendaciones pertinentes si es que las hay.

Lo único que podemos decir por ahora es que los pilotos se encontraban volando en condiciones de muy mal tiempo en una aeronave que no estaba equipada o diseñada para ello. Reportaron al control de tráfico aéreo una emergencia sin especificar condiciones, viniéndose a tierra en aparente barrena, de acuerdo con la investigación de los daños estructurales que sufrió la aeronave.

En principio, nadie puede señalar culpables, ni satanizar a ninguna de las escuelas de aviación en México, aunque aquí mismo he comentado la necesidad de que exista mayor control y monitoreo constante -por parte de las autoridades de aeronáutica- de todas esas escuelas.

Por otro lado, resulta una cuestión de ética, compromiso y responsabilidad que todas las academias de vuelo del país, sin excepciones, aprovechen esta otra dolorosa experiencia para llevar a cabo una autoinspección, o una revisión de todos sus procedimientos de operación general, con base a lo establecido por la autoridad.

Hasta donde sé, no es una exigencia legal, pero las escuelas bien harían en publicar un manual general interno de operaciones en el que queden claramente establecidos todos sus protocolos de seguridad, procedimientos, filosofía de vuelo, entrenamientos, requerimientos de contratación de instructores y obligaciones y prohibiciones para personal administrativo, de mantenimiento, de instrucción en tierra y en vuelo, alumnos, etcétera.

Las escuelas no deberían operar sólo con base en sus estrategias de mercadotecnia y publicidad, teniendo en la mente nada más ganancias económicas. Desde luego se entiende que son negocios como muchos que buscan y merecen obtener esas ganancias, pero las academias de vuelo tienen una obligación y una responsabilidad adicional y muy especial: cuidar la vida de jóvenes soñadores que son puestos bajo su cuidado para convertirlos en pilotos aviadores. Por eso, debe existir un gran rigor en el cumplimiento de leyes establecidas, reglamentos y procedimientos.

Todas las escuelas de vuelo del país deben procurar un récord de seguridad del 100 por ciento, y es ahí donde se requiere la participación de los futuros alumnos, quienes, antes de inscribirse, deben buscar asesoría y llevar a cabo una investigación profunda sobre estas instituciones, sus índices de seguridad, sus procedimientos de operación, su capacidad, la experiencia de sus instructores, su calidad, la edad de su flota de aviones y simuladores, la capacidad de sus técnicos y la calidad de programas de mantenimiento. Todo esto se debe tener en consideración varias factores y circunstancias, independientemente del alto costo financiero que tiene la carrera.

Ojalá que las direcciones de las diferentes escuelas comprendieran que no necesitan tener los ojos de las autoridades siempre encima para cumplir con la obligación ética que tienen de hacer todos los esfuerzos necesarios para ofrecer instrucción segura -de tierra y aire- y de calidad para formar pilotos aviadores profesionales.

Ojalá que comprendan que justamente la primera enseñanza a sus alumnos, al iniciar su curso, debe tener como ejemplo y base el más alto sentido de ética, responsabilidad y buen juicio.

Esperemos que las autoridades aeronáuticas y las escuelas reaccionen como un equipo y actúen en consecuencia, porque no se puede permitir que se pierdan más vidas de esta forma.

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