Pasar al contenido principal
25/06/2018

Turbulencia en aire claro

Francisco M. M… / Jueves, 18 Mayo 2017 - 10:47

Habíamos dejado atrás China y Tajikistan, y volábamos sobre territorio de Turkmenistán. Nuestro avión B777/300 ER se desplazaba suavemente sobre el cielo completamente despejado, a punto de sobrevolar por la costa suroeste del Mar Caspio a 34 mil pies de altitud, en ruta entre Beijing y Estambul.
 
Era una tarde del mes de febrero del año 2013 y nuestros 325 pasajeros disfrutaban del famoso servicio a bordo de 15 sobrecargos de la aerolínea reconocida como la mejor de la India y una de las mejores del mundo.
 
Mientras tanto, en la cabina de mando, mi primer oficial y yo comentábamos sobre las anotaciones de rutina en la hoja de plan de vuelo, especialmente en lo referente al registro de la temperatura en el exterior que marcaba 69 grados centígrados bajo cero y que, durante las dos últimas horas de vuelo había sido la causa de que la luz de alarma de baja temperatura del combustible se mantuviera encendida.
 
Habíamos realizado el procedimiento de aumentar la velocidad de Mach .84 a Mach .86 para que la mayor fricción del aire sobre las alas pudiera "calentar" ligeramente el combustible en los tanques antes de llegar a los motores, claro está, después de haber cambiado nuestro nivel de vuelo –que originalmente había sido de 37 mil pies sobre el nivel del mar– para buscar una altitud con masa de aire menos fría.
 
La luz de alarma nos mantenía muy pendientes de las variaciones de la temperatura exterior. A mí, en tanto, me llamó la atención que ésta hubiera variado más de 7 grados hacia arriba y hacia abajo en un lapso no mayor a 3 minutos. Mientras comentaba esto, los pilotos éramos testigos del maravilloso espectáculo de la puesta de sol y su reflejo multicolor sobre el Mar Caspio en tanto que, a nuestra izquierda, las luces de la enorme ciudad de Teherán, Irán, comenzaban a encenderse.
 

Mi primer oficial hacia las anotaciones de rutina en la hoja del plan de vuelo mientras llamaba mi atención nuevamente sobre esas variaciones constante en la temperatura exterior. Juntos revisábamos las cartas meteorológicas, teniendo en mente que los cambios constantes en las indicaciones de temperatura exterior son el primer signo de la posibilidad de encontrar condiciones de turbulencia.

 
El cielo se encontraba completamente despejado pero, para no correr riesgos, reducimos la velocidad a Mach .84, ajustamos nuestros cinturones sobre los hombros y encendimos la señal de ajustar los cinturones en cabina de pasajeros; después del anuncio de rigor y por medio del sistema de intercomunicación, informé también a la sobrecargo jefa de cabina sobre posibilidad de turbulencia.
 
Y así fue que temible turbulencia en aire claro, también conocida como CAT, llegó un par de minutos después. Pero nunca imagine su gran intensidad.
 
La primera sacudida nos tomó totalmente desprevenidos, y fue tan fuerte, que nuestro avión perdió cien pies de altitud en un instante mismo que nuestro piloto automático recuperó casi de inmediato.
 
Hubo calma nuevamente, pero solo por unos segundos porque, en seguida, llegaron una serie de sacudidas constantes que fueron de movimientos ligeros a moderados y después hasta severos, haciendo que todos los objetos sueltos en la cabina de pilotos volaran por los aires.
 
Estas terribles condiciones solo duraron alrededor de dos minutos, pero fueron suficientes para que se registraran cambios bruscos de altitud hacia arriba y hacia abajo, mismos que provocaron que el piloto automático se desconectara en dos ocasiones. Desde la cabina de mando pudimos escuchar gritos de susto que venían ya fuera de la cabina de pasajeros o de las cocinas delanteras, así como golpes de objetos que volaban por todas partes, incluyendo equipo de servicio, carros de comida, vasos, botellas, maletas, computadoras personales, revistas, periódicos, y desde luego, algunos pasajeros y sobrecargos que se encontraban de pie, fuera de sus asientos, o sin cinturón de seguridad ajustado.
 

Después de esos dos minutos de verdadero infierno todo volvió a la calma repentinamente, y nuestro avión siguió volando suavemente, por el mismo maravilloso cielo despejado de antes y sin experimentar más turbulencia.

 
Dos horas después estábamos aterrizando en la pista 05 del aeropuerto Ataturk, en Estambul, en donde nos esperaban ambulancias y equipo médico porque desafortunadamente una de nuestras sobrecargos se lastimo vértebras del cuello y otra de ellas se fracturó la muñeca de la mano derecha.
 
Hubo más de 25 pasajeros que sufrieron golpes de distinta intensidad , incluyendo un descalabrado que golpeó la cabeza en el techo del avión.
 
En cuanto a mí, tengo que decir que me lleve uno de los más grandes sustos de mis 44 años como piloto comercial, y he platicado esta experiencia a quien haya querido escucharla para que siempre se recuerde la importancia de estar alerta ante una situación de CAT, que puede ser algo tan impredecible como grave, y que puede suceder en cualquier zona del mundo, en cualquier estación del año y en cualquier momento, aún con cielo despejado y en aparente calma.

Facebook comments