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23/06/2018

El mundo de la aviación visto por mujeres

Rosa Náutica / Lunes, 7 Marzo 2016 - 22:40
María Larriva, Controlador Aéreo y Elizabeth Abadié, Piloto Aviador

María Larriva Sahd, la primera Controladora de Tráfico Aéreo en México; Elizabeth Abadié Vázquez, tercera mujer en este país en pilotear un avión comercial. Ambas son nombres emblemáticos en el mundo de la aviación nacional, que se abrieron paso en un ambiente dominado por hombres.

En la profesión de controlador aéreo, la gente no dura muchos años, máximo 30; los niveles de estrés son muy altos y la gente acaba enfermando por el nivel de tensión que se maneja, advierte María Larriva, actualmente asesora en asuntos de aviación

Parte del entrenamiento que vivió fue precisamente para poder manejar dichos niveles de tensión, generados también por la discriminación abierta o velada de la que las mujeres son objeto todavía.

El problema laboral comienza cuando los rebasas a ellos o estás compitiendo por un puesto con ellos”.

Elizabeth Abadié, la primera mujer piloto de Aeroméxico, vivió una situación distinta. Se abrió paso en un ambiente “rudo, en el que hay que aplicarse". Ante ello, tuvo el apoyo de su familia, una estirpe de aviadores: su papá, Héctor Abadié, uno de los fundadores de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA); sus hermanos, Jorge, que tuvo que emigrar a Qatar tras el conflicto de Mexicana, Carlos, piloto, y Andrés, sobrecargo. La piloto, formará parte del festejo internacional con que Aeroméxico reconocerá este 8 de marzo el trabajo de las mujeres de esta aerolínea. Ayer partió rumbo a Narita, Japón, piloteando uno de los 10 vuelos a los cuatro puntos cardinales, tripulados únicamente por mujeres. Otros vuelos salieron a Madrid, Toronto, Guatemala, Nueva York, Lima, entre otros.

En Aeroméxico, son ya más de 30 mujeres pilotos aviadores, y en Aeroméxico Connect, otras 20, que han abierto el mundo de la aviación. Hoy el cielo se pintará de rosa. De cara al Día Internacional de la Mujer, ambas relatan a Rosa Náutica su paso por ese mundo intangible, vedado para el común de los mortales, de pequeños espacios donde se toman decisiones y los errores pueden resultar más que caros. María Larriva admitió que la primera oposición a su desarrollo profesional fue por parte las esposas de los controladores, que se opusieron a su nombramiento durante su estancia en Guadalajara. Finalmente se fue a Monterrey, donde tiempo después fue nombrada Jefa de la Estación dentro de la Cuarta Región de Aeronáutica Civil.

Pero como para ascender hay que moverse, dijo, regresó a la Ciudad de México a la torre en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) como controladora auxiliar. Posteriormente estuvo en el Centro de Control, también en la Ciudad de México y en 1985 ascendió a la categoría más alta, la de Controlador Radar Terminal México.

El AICM y los aeropuertos a sus alrededores tienen el mayor grado de dificultad y volumen de operaciones del país, por ello las categorías más altas están en la Ciudad de México lo que implica trabajar en un lugar que siempre está saturado, donde el grado de dificultad es el mayor. Como acotación, advierte que el tema de la saturación del AICM tiene más de 30 años, desde que empezó a crecer la demanda de tráfico aéreo “y no toman decisiones, o toman decisiones y luego las cancelan”. Después de retirarse como controladora aérea, hizo una especialidad sobre investigación de accidentes de aviación.

Entre otros, participó como consultora privada en el análisis del accidente en el que perdió la vida el exsecretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño Terrazo, durante el sexenio de Felipe Calderón. Egresada de la Escuela de Controladores en 1976, Larriva comentó que “para que las cosas cambien para las mujeres, las mujeres tenemos que educar con otros criterios: ser equitativas y tratarlas por igual. En mi caso, la primera oposición a que una mujer fuera Controladora Aérea provino de las esposas de los controladores, no de ellos” Elizabeth Abadié, destacó que es un ambiente “rudo”, donde el nivel de estrés existe, pero hombres y mujeres nos comportamos igual.

Para eso uno se entrena. Siempre he dicho que ni todas las mujeres pueden, ni todos los hombres. Así como hay hombres brillantes, también hay mujeres brillantes”.

Abadié cursó su carrera en la Escuela de Aviación México. No tuvo que salir del país para tomar cursos especiales. Concursó para entrar a Aeroméxico, obtuvo un espacio y entró con sus 180 horas de vuelo y recuerda con emoción su primer vuelo comercial con 100 pasajeros a bordo. El momento más tenso de su vida fue el despiste de un vuelo en Monterrey que aterrizó justo después que ella. “Fue como un balde de agua fría, pensando cuál fue la diferencia, pensando que pude haber sido yo”. El accidente no tuvo víctimas, pero sí un impacto emocional.

Cuando entré a Aeroméxico me sentía realizada. Sientes nervios, pero hay mucha alegría, mucha emoción. Nunca hubo miedo. Miedo, si acaso, a no hacer bien las cosas, preocupación de que no se te vaya a olvidar nada.

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